Creado:
06 de Julio del 2018
Última actualización:
15 de Julio del 2018

No recuerdo bien si mi primer viaje a Costa Rica fue antes o después del 1988, pasado que parece un poco borroso y desenfocado en mi memoria. Pero fue alrededor de ese momento, cuando también iniciaba la Fundación CIENTEC, que Alejandra viajó a los Estados Unidos para aprender sobre nuestro programa, Matemática para la Familia (Family Math) en la Universidad de California en Berkeley. Como resultado, ella decidió iniciar un Nodo de Matemática para la Familia en Costa Rica, y poco tiempo después invitó a un grupo de nuestros facilitadores a ayudarle en una capacitación local.

Esto inició una larga colaboración. Desde entonces, he asistido a numerosos festivales, tanto en matemáticas como en ciencias, haciendo talleres acerca de solución colaborativa de problemas, o tecnología en educación, u otros temas solicitados requeridos en los programas en desarrollo. Y mi español, aunque de ninguna manera es fluido, ha mejorado gradualmente -lo suficiente como para que ahora sea invitado ocasionalmente en otros países de América Latina para presentar mis ideas.

Y esto introduce lo que quisiera decir en este corto ensayo. Sería sencillo enfocarse en lo que significa ser uno de los participantes de los que CIENTEC y Alejandra echan mano. Es una experiencia fascinante; se trabaja arduamente, se conocen diferentes regiones del país y nos tratan muy bien. Podría hablar sobre ser parte del festival “de Costa a Costa”, o de qué tan caliente es San Carlos (¡y cómo, aún así, los computadores funcionan!), o sobre la forma extraña de la acogedora sala donde realizamos el seminario en el TEC de San José, o del placer de comer "rice and beans" en la costa caribeña. Incluso podría hablar de la excelente tradición del Lunario, su consistente alta calidad y estilo novedoso. O sobre las también brillantes estrategias educativas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática (STEM, por sus siglas en inglés) en cajas de cereal.

Pero no hablaré de nada de eso. En cambio, quiero hablar sobre los almuerzos para los docentes. De muchas maneras, los almuerzos de los profesores son un ejemplo de lo que es genial de CIENTEC. Entenderán esto de inmediato si van a otro país, y visitan el congreso o taller de otra organización; yo lo hice recientemente. No era una mala institución, para nada. En esa ocasión, el Ministerio de Educación local insitía en que los profesores se capacitaran durante ocho horas al día. Las actividades iniciaban a las 8 de la mañana y, por supuesto, requerían almuerzo. Para que alguien almuerce se requiere una hora y media; esto significa que habría una sesión matutina de 8 a 12, y una en la tarde, de la 1:30 a las 5:30 p.m.

Bueno. Antes que nada, ocho horas de instrucción es una locura. Nadie aprenderá nada después de las primeras seis. Pero estamos hablando del almuerzo. ¿Por qué 90 minutos? Porque los maestros debían irse de la escuela, caminar hacia el pueblo, ser atendidos en restaurantes, y caminar de regreso. Al hacerlo, no solo extendían su día, pero además, mentalmente, abandonaban el instituto y el aprendizaje. No tenían la oportunidad de conocer nuevos colegas durante el almuerzo, ni de seguir hablando sobre matemática o ciencia.

Es por esto -por ejemplo en Limón, en el Festival de Matemática de CIENTEC en el 2016- que la conferencia proveyó almuerzos en el lugar… ¡para cientos de docentes…!

Imaginen lo difícil que es hacer esto. Implica negociar alianzas, conseguir recursos, gestionar los servicios de catering, disponerlos en la ubicación adecuada y hacer que los docentes formen líneas eficientes y mantengan el flujo del movimiento, para que todos puedan comer. Es un esfuerzo enorme, y a menudo pasa desapercibido por los participantes. Pero esto permite que en vez de dispersarse, los participantes se sientan juntos y coman, mientras hablan y aprenden unos de otros, hacen nuevos amigos y asumen nuevas perspectivas. Incluso podrían no revisar sus celulares para ver si tienen mensajes nuevos. Y, como un beneficio adicional, están listos para las sesiones de la tarde mucho más temprano.

Por supuesto, el almuerzo es solo uno de los muchos ejemplos de lo que hace a CIENTEC tan especial. Pero me gusta pues no todo es solo sobre ciencia y matemática. Más bien, el fin es cuidar a los participantes y crear una experiencia de la mayor calidad posible para ellos, y hacer de esa calidad una prioridad.

Alejandra y el equipo de CIENTEC van mucho más allá de los aspectos básicos. Tras encontrar una sede, reclutan a los participantes y ponentes, y montan un cronograma de trabajo; tienen la imaginación necesaria para descifrar lo que podría mejorar un evento, ya sea la comida, los proyectores, más voluntarios, un gran orador principal, o un tema unificador. Tienen el empeño y la energía para encontrar esos recursos, ya sean financieros, como donaciones o contribuciones de materiales. Y saben cómo organizar todo para que funcione, en cualquier parte del país. No puedo imaginar la cantidad de pequeñas decisiones que el equipo de CIENTEC debe tomar, ni el número de llamadas que deben hacer.

Estas actitutes y cualidades son excepcionales. De hecho, he invitado a colegas de otros proyectos a participar en estas experiencias, como en el caso del Festival en Limón, para que pudieran vivirlas de primera mano. Y salieron asombrados e inspirados.

 

On the Importance of Lunch

I am old enough that 1988 is in the misty past, so blurry and out of focus that I can’t remember whether my first trip to Costa Rica occurred before that or after. But it was around then, within a few years of the founding of CIENTEC, that Alejandra came to the EEUU to learn about our program, FAMILY MATH. She decided to begin a site for Matemática para la Familia, and soon invited a group of us to Costa Rica to help present in a workshop.

That began a long collaboration. I have presented at numerous Festivals both in mathematics and science, doing workshops about cooperative problem-solving, or technology in education, or whatever else Alejandra decided needs discussing. And my Spanish, though by no means fluent, had gradually improved—enough so that I am now occasionally invited to other countries in Latin America to present my ideas.

And that prompts what I would like to say in this short essay. It would be easy to focus on what it is like to be one of the international resources that CIENTEC and Alejandra call upon. It’s an amazing experience; Alejandra works us very hard and treats us very well. I could talk about being part of the “Costa a Costa” festival, or how hot it is in San Carlos (but the computers always seem to work), or the strangely-shaped but welcoming seminar room at the TEC in San José, or the many joys of eating rice-and-beans on the Caribbean coast. Or the heart-stoppingly brilliant tradition of the Lunario and its consistently high quality and innovative flair. Or the equally brilliant genre of STEM education on cereal boxes.

But I won’t talk about those. Instead, I want to talk about lunches for teachers. In many ways, teacher lunches exemplify what’s great about CIENTEC. You will understand this immediately if you go to a different country and attend someone else’s institute, as I have recently done. It was not a bad institute, not at all. But it serves as an example. The Ministry of Education insisted that any teacher attending must spend eight hours per day in instruction. They could start at 8:00 in the morning. And of course they need lunch. For someone to get lunch requires an hour and a half. That means a morning session from 8 to 12, and one in the afternoon from 1:30 to 5:30.

Well. First of all, eight hours of instruction is crazy. No one will learn anything after the first six. But we’re talking here about lunchtime. Why 90 minutes? Because the teachers have to leave the school site, walk into town, get served at restaurants, and walk back. In doing that, they not only extend their day, but they also, mentally, leave the institute, leave learning. They do not meet new colleagues over food. They do not talk about math and science.

Which is why—for example in Limón at CIENTEC’s Math Festival in 2016—the conference provided lunch on site. For hundreds of teachers.

Imagine how hard it is to do that. It involves getting funding, finding the right location, hiring reliable caterers, and getting teachers (who are terrible at following directions) to form efficient lines and keep moving so that everyone can eat. It’s an enormous effort, and it often goes unappreciated by the participants. But instead of dispersing, the participants sit together and eat. They talk, and learn from one another. They make new friends and take on new perspectives. They might even not check their cell phones for messages. And, as a side benefit, they are ready for the afternoon sessions that much earlier.

Of course, lunch is just one example of what makes CIENTEC’s work so special. But I like it because it’s not just about science and math. Rather, it’s about caring for your participants and making the highest-quality experience for them that you can—and to make that quality a priority.

Alejandra and the CIENTEC staff go way beyond the basics. After getting a site, recruiting participants and speakers, and setting up a schedule, they have the imagination to figure out what would make the event better—whether it’s food, or projectors, or more volunteers, a great keynote speaker, or a unifying theme. They have the grit and energy to go get those resources, whether it’s money or donated T-shirts or snack boxes or banners. And they know how to set everything up so that it works, in sites all over the country. I can’t imagine the number of tiny decisions the CIENTEC staff make, or the number of phone calls.

I cannot stress enough that these “above and beyond” attitudes and skills are rare. I brought colleagues from other projects to that Festival in Limón, because they really needed to see it. And they were astounded and inspired.

Tim Erickson

Científico Senior; EEPS media/Ingeniería epistemológica; Desarrollador curricular de matemáticas y ciencias.
California, EE.UU.

Mi vínculo con CIENTEC:  Participante y presentador en muchos festivales de Matemáticas y Congresos de Ciencias. También fui presentador de Matemática para la Familia en Costa Rica.